Espérame en Sevilla que voy… Nuestro segundo viaje juntos fue para repetir en Sevilla. Cuando me lo dijo por teléfono un día, noté que maquinaba. Además de conmigo quería organizarse los demás días para quedar con otras amigas. Como soy un poco bruja, la información se la saqué enseguida en cuanto hice mención a quedarme más de una noche con él. A lo que me contestó que a lo mejor los demás días estaban ya reservados. Jajajaja…¡¡que golfo eres, amor!! Pero bueno, contenta y feliz porque la primera noche era para mi, luego ya verá, pero no creo que le deje con muchas ganas de más sexo. Y si le dejo con ganas, tendré que apretar la tuerca una vuelta más para la próxima.

Cuando hago estas cosas me pasan muchos pensamientos por la cabeza pero el resumen es que me siento viva cuando las hago. Aprovecho el momento, las circunstancias y el tiempo que nunca vuelve. Los días que vivimos no se repiten y mañana no sabemos dónde estaremos. Así que cuando me ofrecen un planazo de estas características paso por encima de quien tenga que pasar. Realizo mi trabajo en la mañana y calculé la hora de salida para estar allí cuando él terminara y no perder mucho el tiempo. A las dos es buena hora para estar sobre las 7 en Sevilla. Me subo en el coche y emprendo camino, cachonda perdida sabiendo que nos deseamos y que vamos a disfrutar de una noche maravillosa. Durante el viaje me da tiempo a excitarme sobremanera. Pensar en su tacto, su calor, sus caricias, sus besos, su polla…. me vuelve loca.

Ya he llegado. En cuanto bajo del coche me embriaga el olor de los naranjos en flor. Es mayo y están en pleno apogeo. Mi memoria va a catalogar ese olor en la casilla de Rodrigo. Sé que cuando vuelva a olerlo vendrán a mi todos los recuerdos de este día. Respiraba profundo, muy profundo sintiéndome consciente de donde estaba y lo que iba a disfrutar. Caminando hacia el hotel escribí que ya estaba allí. Me contestó con el número de la habitación y las instrucciones para llegar a ella.

Toc, toc…. llamé a la puerta. Nervios, excitación, deseo…. la puerta se abre.

Mi hombre está allí, de pie, sujetando la puerta y con una toalla alrededor de su cuerpo. Le miro, me inunda un halo de vergüenza, timidez frente a la invasión de su espacio, su habitación, donde tiene que vivir los próximos dos días. Siempre me ha pasado eso con los espacios de la gente, ese respeto por las viviendas, habitaciones, los lugares de culto personal me cuesta llenarlas de mi.

Dejo que cierre la puerta para besarle. Nos comemos. ¡¡Que ganas!! Pero tenía órdenes expresas de no poder tocarle. Uff.. ¡¡me va a costar!! Me parece mentira estar ahí delante de él, notando sus manos en mi. Me gira para ponerse a mi espalda. Sus labios se acercan a mi oreja para susurrarme mientras mete la mano dentro de mi tanga. Voy a volverme loca ya mismo … ¡¡no me puedo controlar!! Cuando me dice: “¡Llevas esperando esto todo el día, zorra! Todo el día pensando en follarme…..” Aaaaagggghhhhhh me corro, me corro, me corro … ¡¡que locura!! Sus dedos y sus palabras consiguen que el éxtasis sea espectacular. Me empuja ligeramente sobre la cama y me sienta. Me fijo en la toalla, hay un bulto considerable bajo ella que hace que no se le caiga. Esta muy, muy pero que muy empalmado. Me pide que le diga lo que quiero que me haga.

Follame, por favor
Suplicarme
Follame, follame, por favor

No recuerdo como desapareció mi ropa de mi cuerpo, la verdad, lo tengo borrado de mi memoria. Solo sé que volvió la vista para ver qué hacía como que buscaba los condones, le dije donde estaban en mi bolso, se quitó la toalla, se enfundó y su polla ingresó en mi coño deseoso de ella. Sin ningún esfuerzo penetró en mí con todas sus ganas. ¡¡Que bien me folla!! ¡¡Como le siento en mí!! ¡¡Voy a correrme otra vez!! Ufff…no puedo más, ¡¡como me gusta!! Mientras no puedo aguantar mis ganas de procesar mi placer el me mira a los ojos y me dice que se va a correr. Aprieta más fuerte su ser contra el mío, me folla duro, le siento duro, ansioso, caliente. Culminamos en un orgasmo conjunto cual baile sincronizado en una coreografía perfecta.

¡¡Que necesidad tenemos el uno del otro!! Aprovecha ese descanso que la naturaleza merece a su polla y hace la llamada de rigor a casa. En esta ocasión se coloca lejos de la cama, se sienta en el sillón y no me permite que le acaricie mientras habla con su mujer. Mientras lo hace, un ataque de tos irrumpe en mi garganta y tengo que salir corriendo al baño a ahogar mis ruidos…¡¡uff, hay que tener cuidado!!

Pausado, en cuanto cuelga me mira y me dice que ¡¡a ver si la vamos a liar!! Gira la cabeza de una manera que me excita muchísimo. Su gesto es de indiferencia con picardía y tranquilidad. Una mezcla explosiva.

Se tumba a mi lado y permite que le acaricie. Su cabeza es mi objetivo. Le tocó el pelo, los hombros, la nuca, mis uñas aparecen de vez en cuando y transmito pasión por las yemas de mis dedos. Él se eriza, siento lo que siente y me excito de hacerlo. Acercó mi boca a la suya para que los besos sean los transmisores de esa pasión. Besos que dicen: “Queremos sentirnos otra vez, queremos follarnos, dame todo tu ser”. A gritos sordos, nos lo decimos. He logrado que su erección sea evidente en muy pocos minutos. Nos deseamos. Me pide que me ponga a cuatro. Lo hago, me va a follar otra vez. Voy a sentir toda su polla en mi raja, primero la punta y aprieta hasta el fondo donde le espera mi coño encharcado. Aprieta, coge mis caderas y folla con ganas. Me toco el clítoris mientras para correrme y lo consigo, entonces es cuando decide que quiere hacer algo con lo que se quedó con ganas desde la ultima vez, follarme el culo. Saca su verga del coño para cambiar de agujero. Lo va a hacer, le flipa, le va a encantar sentir su polla en el culo. Dejo que penetre despacio, hasta el fondo. Cuando mi culo tiene abrazado todo su tallo empieza a moverse dentro y fuera, despacio, le siento tanto….me encanta tanto. Ufff…sigue, sigue cabrón. Se va a correr otra vez. Los músculos de mi ano saben que es lo que tienen que hacer para lograr su máximo placer. Nos corremos de nuevo. ¡Esto es maravilloso!

Como mujer prevenida que soy y sabiendo que no íbamos a salir de la habitación, antes de salir de casa cogí un poco de pan, jamón y una botella de vino con su abridor correspondiente. Para reponer alguna fuerza le dije si le apetecía y, claro, que era muy buena idea. Así que brindamos con vino tinto y comimos unos pedazos de pan con jamón que nos supieron a gloria mientras hablábamos de todo un poco, desnudos, sentados en la cama. Mostrándonos tal y como somos.

Pero nos sigue pudiendo el deseo, cuando terminamos me recuesto en la almohada y sentimos de nuevo que nos necesitamos. Así que me da la vuelta, sin mucho más miramiento y me acerca la punta de su polla a mi ano mientras le digo lo que le ha gustado: “ Te ha gustado mi culo, ¿eh?” “Mmmm, me ha encantado”, me contesta, así que me introduce toda su verga, sin mucho cuidado, pero no importa, mi culo la está esperando. Es todo un placer recibirle, que me folle así. Si, sigue, me encanta, controla que no me pueda mover mientras está follándome. Con ese carácter tranquilo que tiene cuando le sale esa vena dominante me alucina, me seduce y me excita, mucho, muchísimo. Si suelta un jadeo de lo que le está gustando ya es cuando no puedo resistirme y tengo que correrme, para él, para que lo disfrutemos juntos. Él mismo no se cree la velocidad a la que recupera sus erecciones conmigo, sus ganas las ofrece y me las da con una rapidez maravillosa. Me encanta que no pueda controlar el ansia de correrse cuando esta dentro de mi. Y cuando estaba dentro de mi culo, se volvió a correr.

Estábamos extasiados y por mi parte, feliz, sonriente y satisfecha. Con unos cuantos kilómetros sobre la espalda, una jornada matutina laboral un tanto intensa y una sesión sexual digna de repetir. Nos abrazamos, como la última vez que dormimos juntos. Me encanta sentir su calor, su piel, su abrazo. Estoy sensible. Se me eriza la piel cuando siento que mueve su mano para acariciarme. Se acumula mi placer y la memoria de la piel quiere seguir sintiéndole conmigo. Nos vence el sueño. Creo que ninguno de los dos sabe muy bien cuando alcanzamos a caer en un plácido descanso.

No estoy acostumbrada a dormir con nadie. En una de mis vueltas de necesidad en la noche, me topé con Rodrigo y me desperté. No se muy bien porque se veía en la habitación, creo que no habíamos echado las cortinas y entraba por las farolas de la calle. Miré el reloj del móvil, eran las 5 de la mañana una hora perfecta para violarle. Me excitó tenerle allí desnudo, a mi antojo, sin que en sus sueños pudiera imaginarse que mi loba quería todo de él de nuevo. No tengo fin…

Le empecé a acariciar el cuerpo, suave, con mis manos hasta que llegué a su sexo, inerte, sin saber todavía mi necesidad de él en ese momento. Me apetecía comerlo, chuparlo, succionarlo, que supiera que estaba allí sedienta de su leche y ávida del placer que me proporciona. Así que acerqué mi boca y comencé a chupar esa polla tratando de que se hiciera grande dentro, por mi mamada.

Cuando la polla estaba en su punto, Rodrigo entreabrió sus ojos. Sabía lo que quería pero él estaba muy dormido. Le acerqué un condón, se lo colocó e introduje su polla en mi coño para cabalgarle salvajemente. Mi flujo era muy abundante, encharcador. Se estaba dejando hacer. Entregado totalmente al estado de placer que te da el despertar lentamente y con alguien al lado que te está dando todo su ser. Creo que pensaba que incluso era un sueño. Pero yo estaba muy despierta. Le follé con fuerza. Soltaba todo mi peso sobre la verga que había conseguido tras mi mamada. Meto, saco, hago círculos con mi cadera sobre él y me acaricio el clítoris para llegar al orgasmo. Le usé, fue mi juguete sexual y me encantó. Me dio la vuelta, haciendo un alarde de estar despierto, y me folló por detrás, tumbada en la cama. Volviendo a explotar de placer. Su polla bajó. Yo sabía que iba a durar lo que durara mi placer y después permití que él y su polla se volvieran a dormir. Yo tambien lo hice.

Cuando sonó su despertador nos dimos los buenos días, nos besamos, nos abrazamos, dándole gracias a la nueva mañana que nos permita amanecer juntos. El iba con hora pero yo me lo podía tomar con más calma para irme. Se duchó, intenté más sexo pero su cuerpo estaba satisfecho de la jornada de ayer y no forcé. Yo estaba muy muy relajada tambien y le observé en todo el proceso de arreglo que esta realizando delante de mi, tumbada en la cama, desnuda, sonriente. Se vistió y se despidió con un beso y un hasta pronto… “ Ten cuidado con el viaje de vuelta “

En cuanto salió por la puerta, me duché, me vestí y salí del hotel sobre la nube que me iba a llevar de vuelta a mi casa. Aunque debería de conducirla unas cuantas horas, me armé de paciencia y de bonitos recuerdos para mi viaje y cuando quise darme cuenta ya estaba de vuelta deseando tener que volverme a hacer los kilómetros que haga falta para volver a disfrutar de una noche con mi amante ideal.

 

Relato del libro «El jardín de los amantes infieles» disponible en Amazon

 

 

 

 

 

 

 

 

También te gustará: Concurso de lectura