Tome una decisión hace unos días y, después de tres semanas sin follar, trabajando sin parar y cachonda perdida a todas horas….. creo que tengo que plantearme lo de no conocer a gente nueva. No tengo remedio!!!! Jajajaja…. en fin, no se, no se que haré todavía….

Sigo confundiéndome con las personas, soy muy inocente. Formará parte del aprendizaje de la vida pero no dejan de sorprenderme ciertos comportamientos. Bueno, esta reflexión viene en un momento de repaso a quien se queda y quien no conmigo para disfrutarme, es solo para dejar constancia que no me gusta “coleccionar” hombres pero que sigo en el convencimiento de que necesito mi “frankenstein” sexual o mis siete enanitos, como me dijo Rodrigo el otro día. Cuando creo que uno va a colmar todas o muchas de mis necesidades, me defrauda de una manera o de otra… ¡no lo entiendo! Por ejemplo, Fran, lleva desaparecido una semana, sin dar ni una señal después de que le dijera que podría sacar un rato para vernos esta semana… ¿Ocupado? ¿Arrepentido? ¿Controlado? ¿Superado? ¿Cuesta tanto manifestarse mediante unas líneas y dar una pequeña explicación? A otra cosa, mariposa…

Cuando no tengo sexo, recurro a mis recuerdos, a mis vivencias, incluso de hace unos cuantos años y estos días una conversación con Marcos hizo que recordara mi experiencia de hace tiempo con un muchacho de 18 primaveras.

Yo tenía una vida familiar, pareja estable, fija, sin infidelidades por mi parte, feliz. Nos gustaba a mi pareja y a mi recibir siempre gente en casa. En el pequeño pueblo donde vivíamos hicimos amistad, gran amistad con un matrimonio que tenía, y tiene, dos hijos, un chico y una chica. El muchacho, de unos 15 años siempre estaba por casa. Se llevaba fenomenal con mi pareja y creo que sentía gran admiración por él, compartían aficiones y aprovechaba cualquier momento para venir a vernos. Incluso alguna vez, saliendo del baño desnuda me lo encontré de frente sin saber que había entrado. Enrique crecía con los años, ojos azules, rubio, muy dulce y cada día que pasaba se iba haciendo más hombrecito. Cuando enviude, esa familia siguió y sigue a mi lado, ayudándome en todo lo que podían.

Pasaron los años y yo llevaba un periodo muy largo de tiempo sin follar, un luto repentino había invadido todo mi ser. Mi cuerpo tampoco lo había demandado hasta el momento pero el largo letargo parecía que había llegado a su fin. Un día descargando leña, con su padre, su madre y algún vecino más alrededor, me insinué. Se había convertido en un joven encantador y perfectamente follable, ademas mayor de edad.

Aproveche una de las veces que entro a beber agua a casa para acercarme mucho a él, a su cuerpo sudoroso y acariciandole la cara le pregunté si podría venir un día a casa a hacerme un favor. Se sonrojó tanto que no podía mediar palabra, pero dejo que me arrimara y bajando su mirada me dijo que ya buscaría un rato. Uffff ¡que calentón!

Por entonces yo trabajaba viajando mucho y empecé a necesitar gente en mi equipo para acompañarme. En uno de los viajes de las siguientes semanas pensé que él sería ideal para que viniera conmigo, el perfil que necesitaba era de becario/ayudante y sería perfecto. Se lo dije y se vino, sin dudarlo. Íbamos tres mujeres y él. Para ahorrar costes, cogimos dos habitaciones de hotel y decidí que era yo la que compartiría habitación con el muchacho.

Después de un largo día de trabajo, llegamos a la habitacion, nos aseamos por orden y nos metimos en nuestras camas. En la televisión había un programa en el que hablaban de sexo. No sé muy bien de qué pero solo se que la situación me estaba poniendo súper cachonda. Mi entrepierna era un charco. Lo tenía allí, a mi lado. Los dos solos en la habitación. La conversación era tensa, muy tensa…no sabíamos que decir hasta que se me ocurrió preguntarle directamente: “¿Follarias conmigo?”, “pues, claro que sí”, contesto rápidamente. Mi cabeza a mil… su madre antes de salir de viaje me había dicho que cuidara de su niño, su niño ya es un joven apuesto que trae a las chicas locas, mi coño encharcado de no haber follado en meses, yo rondando los cuarenta y el dieciocho recién cumplidos, y…me estaba levantando de mi cama para meterme en la suya deseando sentir su polla dentro de mi.

Me acerqué, me tumbe a su lado y comenzamos a besarnos. No sabéis la sensación tan extraña que me invadió en ese momento. Era casi como si besara a alguien de la familia. Le había visto crecer y había ido cambiado mi forma de ver a ese ser tan encantador. Ahora, estaba a muy poco de follarmelo. No creo que haga ningún movimiento en avanzar hacia mi, me da la impresión de que tendré que llevar la voz cantante y hacerlo con decisión para disfrutar esto que había iniciado yo pero que me daba que él había estado deseando durante mucho tiempo. Los besos, cada vez más apasionados. Jugábamos con nuestra lengua y acercábamos nuestros cuerpos. Me puse encima de él, por debajo de las sábanas. Note su dureza inmediatamente. Cogía su cara con mis manos y le comía la boca con ansiedad. Tenía ganas de seguir avanzando y dar un paso más pero por otro lado me estaba gustando disfrutarlo despacio, sin prisa.

Hice que se quitara la camiseta para bajar con mi boca por su pecho, recreándome en sus pezones, pero quería saber cómo era su polla. Deseosa de disfrutarla seguí bajando mi cara. Con la mano baje su calzoncillo y deje salir aquella verga para contemplar la mayor que he visto en toda mi vida. ¡Que pollón! No pude contener mis palabras y lo dije en alto. ¡Madre mía! ¡Que polla tienes hijo mío! ¡Pero si es enorme! La cogí con mi mano y sobraba polla por todos los lados, por arriba, por abajo…. la meneé y acerqué mi boca a su capullo para chuparla. Creí que mi mandíbula se dislocaría si la metía dentro, así que la chupe cual helado grande, saboreandola por todos los lados. Centímetro a centímetro la recorrí toda con mi lengua, sus huevos también me recibieron y disfrutaron de mis lamidas. No decía nada, solamente se retorcía, con los ojos cerrados y con una de sus manos en mi cabeza.

Mi coño, inundado, quería sentir el aire, seguía apresado en las bragas y solicitaba libertad, así que me desnude y me subí a horcajadas sobre su polla para restregarme con ella. La quería dentro, follarle y le pedí un condón…¡No tenía!! ¡Que bajón! ¡Yo nunca follo sin condón!!Así que le dije que no pasaba nada, que nos íbamos a dar placer sin follar (¡que putada!, si que pasaba…la polla más grande vista en mi vida ¡y no me la voy a poder meter en el coño! ) Me costó muy poco que se corriera. Con mi mano arriba y abajo mientras chupaba su capullo hice que soltara toda su leche sobre él. ¡Una gran corrida! Después de limpiarse, yo permanecí tumbada en la cama y puso sus dedos en mi coño por primera vez. Notaba torpeza en sus actos pero eso también me ponía cachonda. Tuve que dirigir sus movimientos en mi clítoris, el ritmo. Lo hice con seguridad pero con cariño y me corrí como una loca deseando mucho más esa polla en mi. Cuando me volvía hacia mi cama deseándole buenas noches le dije que al día siguiente compraríamos condones y terminaríamos la faena como Dios manda. Él me dio las buenas noches y me dijo que si, que había que comprarlos.

(Continuará…)

Por Estefania Mor

 

 

https://40historiasdesexo.blog/category/estefania/